Este extraño instrumento (también conocido con el nombre más popular de banquitos) está constituido por un pequeño banco de madera que al sentarse sobre él emite un sonoro cornetazo de índole algo escatológica. Cada "banquito" emite una sola nota, o sea, que se necesitan varios ejecutantes para tocar una simple melodía.
Mastropiero empleó este instrumento solamente en una obra: La vida es hermosa.
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