Se trata de un injerto entre una bicicleta y un mandolina (concretamente, un bouzouki, una especie de mandolina de origen griego) que va adosada en la parte trasera. La rueda trasera lleva seis plectros de carey que al girar tañen las cuerdas de la mandolina logrando un sonido "tremolando". En el manubrio va montado un pequeño teclado de una octava y media. Las teclas accionan, mediante un mecanismo idéntico al freno de las bicicletas, los pequeños "dedos" mecánicos que, al girar la rueda, pellizcan las cuerdas de la mandolina. Este instrumento tiene la peculiaridad de que permite al ejecutante ir tocando y cantando mientras conduce la bicicleta.
Puede apreciarse claramente en El Zar y un puñado de aristócratas (a cargo de Mijail, el correo secreto del Zar) y en La princesa caprichosa (donde Robin de la Parmentier utiliza la mandocleta, además de otros instrumentos informales, para intentar seducir a la bella princesa Cunegunda de Rochester).