Zamba de la Ausencia Atormentada, op. 25

Johann Sebastian había comenzado a extrañar intensamente a la condesa Shortshot. Enterado de las reuniones folclóricas que se realizaban en el castillo de ésta y presa ya de una tremenda nostalgia, le envió a la condesa una zamba, compuesta especialmente, acompañada por guitarras y algunas líneas.

La carta comenzaba diciendo: "Querida Condesa Shortshot, de mi mayor consideración, (Johann Sebastian siempre comenzaba sus cartas en Mi mayor), sobre versos del gran poeta salteño Pantaleón Rosales, basados en la recopilación que el folclorista tucumano Zenón Wenceslao Prado realizó de las famosas coplas de Dolor y Ausencia, encontradas en un rancho abandonado de Santiago del Estero por el famoso vate catamarqueño Zoilo Pardales, y atribuidas al legendario arriero y payador riojano Venancio Ríos, quien peleara en las montoneras del temido caudillo sanjuanino Filemón Antenor Pérez, he compuesto esta zamba que aquí le envío. Espero que mientras yo no esté allí, encuentre usted a alguien que se la toque, en su versión completa."

Glosa
Ausencia.
Te fuiste y no volviste.
Tremenda desazón de soledad y eterna despedida,
condena de un alma torturada por su fatal destino,
hondo sentimiento de pampa y distancia,
que pugna por expresarse en acongojados acentos
al conjuro de la zamba,
que asume su total dimensión de liturgia telúrica.
Te fuiste y no volviste.

[Coro:]
¡Primera!
¡Adentro!
Te fuistes , te fuistes, te fuistes
y no volvistes.
Te fuistes, te fuistes, te fuistes
y no volvistes...
¡Bueno!
Desde que te fuistes.

¡Segunda!
¡Adentro!
Volvistes, volvistes, volvistes,
y no te fuistes.
Volvistes, volvistes, volvistes,
y no te fuistes...
¡Se acaba!
Desde que volvistes.

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